La sorprendente construcción de la historia de Dios
En Cristo, nuestras historias personales se dirigen a una dirección segura. Pero eso no significa que podamos predecir adónde irán.
por Jen Pollock Michel
“Mamá murió hoy”. Con esta impactante frase comienza la novela El extranjero de Albert Camus. El lector se siente sorprendido de inmediato, incluso molesto. ¿Quién está hablando? ¿Y por qué está esa persona tan insensiblemente tranquila ante el dolor? Estas tres lacónicas palabras —Mamá murió hoy— tienen un papel importantísimo. Captan la curiosidad de los lectores para seguir la historia, adondequiera que ésta los lleve.
Ya se trate de un escrito secular o de la Biblia, los principios de la buena escritura son universales. “Unas palabras iniciales deben invitar al lector a comenzar a leer la historia”, dice el novelista Stephen King. “Deben decir: Escuche. Venga acá. Usted necesita saber esto”. King reconoce que antes de empezar a trabajar en una novela, pasa meses pensando en las primeras frases y en los párrafos de introducción. “Si puedo acertar en ese primer párrafo, sabré que puedo escribir el libro”.
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